lunes, 18 de octubre de 2010

Pasada la bronca, muestro un cuentito, que algunos ya leyeron

ALMAS ATRAPADAS

 
En julio del 88, Alejandro de unos 28 años, caminaba por el hielo, en alguna parte del sur argentino. Era un hielo resbaladizo, pero fuerte. Después de atravesar unos cuantos kilómetros, Alejandro vio un paquete, sobre una pista de hielo en desuso, ya que el hielo era ahora muy delgado. Tenia miedo de caminar por el, pero la curiosidad fue mayor. Como mínima medida de precaución se quito los zapatos, y comenzó a caminar tratando de que sus movimientos fueran lo mas suave posibles. Finalmente pudo llegar al paquete, era un paquete, no muy grande, envuelto en papel madera, un poco humedecido, por el hielo. Alejandro lo recogió del suelo confiado de que no pesaría demasiado. Pero por el contrario, este no era tan liviano, y al alzarlo el peso hizo que el hielo se quebrara, y que Alejandro inevitablemente se hundiera. Alejandro era un buen nadador, y lucho tenazmente por sobrevivir de las aguas heladas. Fue tal vez por esa lucha, que las cosas se complicaron. Alejandro al parecer se había congelado en cuerpo y alma.

Desde su posición Alejandro podía ver hacia arriba y hacia abajo, y al parecer en ninguna de las dos direcciones había algo que valiera la pena ver, algo que le diera alguna esperanza de salir de su situación. El ya no sabía si alguna vez podría salir de esa situación.
Los días pasaban muy lentamente. Alejandro no podía moverse, ni dormir, siquiera cerrar sus ojos. Se sentía desgraciado pues tal vez pasaría la eternidad en el fondo de ese lago.

Los días fueron pasando el invierno y su frió comenzaron a hacerse notar. El hielo poco a poco se iba haciendo más grueso. Por lo que se sabia que los turistas y lugareños, no tardaría en llegar para patinar en la pista, sobre su cabeza. Esa era la esperanza de salvación de Alejandro, esperaba la posibilidad de que alguien al ver el suelo lo viera a través del hielo y así lo rescataran. Pero a pesar de que la gente que había llegado era mucha, nadie podía verlo, el hielo se había tornado blanco, y desde abajo el solo veía las sombras. Eso lo enojo mucho y la paciencia era algo de lo que ya no tenía ningún registro. Desilusionado, bajo su mirada, por primera vez en mucho tiempo, talvez era la segunda vez que lo hacia. Pero esta vez vio algo más que el piso. Aunque estaba totalmente empañado, se veía claramente que había un cristal. Bajo el con cierta dificultad se podía distinguir una luz y entre ella una sombra que lentamente se movía. Pero por mas que lo intentara no podía distinguir de que se trataba, por lo que tuvo que esperar la noche.

En cuanto iba oscureciendo las formas iban poco a poco apareciendo. Tras el cristal había una mujer hermosa, o al menos Alejandro así la veía. Pero con una muy grande particularidad. Ella estaba hecha totalmente de fuego. Ella podía moverse dentro de un limitado espacio. E intentaba hablar con el pero su voz a través del cristal no podía oírse.
Pasaban los años y ellos y todos los años ellos estaban ahí. Con el tiempo claramente comenzaban a entenderse. Al principio se comunicaban con rusticas señas que Alejandro debía limitar a asentir o negar con el movimiento de sus ojos. El pudo enterarse así de que ella era un alma en desgracia, una mujer demonio, confinada a pasar su eternidad bajo ese cristal.
 Si bien Alejandro pretendía ganarse el cielo, no pudo evitar amarla, y podía notarse en los ojos de ella ese mismo sentimiento. Ya que las señas y movimientos de ojos ya eran innecesarios. Sus miradas ya se entendían a la perfección. Pero aun necesitaban urgentemente, sentirse tocarse amarse, pero el cristal lo impedía.
Una noche, no se sabe hace cuanto tiempo, Alejandro tal vez por el fruto de su desesperación consiguió mover su cuerpo. Si bien solo podía mover su pierna, solo atino a patear el cristal. Ella inmediatamente comenzó a golpear con sus puños. Hasta que llegado un momento finalmente el cristal se quebró. El agua se escurrió rápidamente y entro en rápida ebullición y sobre el lago podían verse grandes nubes de vapor. Mientras ellos se unían en un beso que quería ser eterno. Al tiempo que el se derretía por el fuego y ella se evaporaba con el agua. Hasta que finalmente ambos desaparecieron.

Nunca supe que paso con ellos. Tal vez ahora ambos formen parte del lago o de alguna nube. Tal vez dios o Satanás los haya acogido a ambos. O en el peor de los casos hayan tenido caminos separados. Pero lo que si es seguro es que si están juntos aun se están amando y si están separados aun se están buscando.

3 comentarios:

La payasa... dijo...

Llegué de casualidad por acá, y me enlazo para poder seguir leyendote.

Muy entretenido tu relato.

Saludos.
Lola

Paula dijo...

Te aseguro que me desesperé con tu relato!!!
Sentí hasta el frío del hielo!!!

Una historia de amor hermosa, aunque ella se haya evaporado y el derretido, pero tu reflexión final está llena de romanticismo: "si están juntos aun se están amando y si están separados aun se están buscando".
Me encantó!!!

Besotes amigo!!!

Ezequiel dijo...

Lola/paya: Gracias por pasar.

Pau: Si buscas en el archivo, creo que este texto, ya lo leiste y comentaste. De todas maneras, me encanta que hayas vuelto a pasar.
Tanto tiempo sin comunicarnos, y ahora comentaste todo de una.
Con referencia al post anterior, solo puedo decir, que se cague Korosky. Soy muuuucho mejor que él.